Caótico Maligno

Archive for the ‘Música’ Category

Serrucho

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Una vez más, asistí al Teatro Argentino a mediados de noviembre. La razón fue una ópera, “Don Carlos”, de Giuseppe Verdi. Es una obra larga –cuatro horas- pero entretenida. Su música es variada, cambiante, y en muchos pasajes de la historia acompaña el fervor o el dramatismo que reina en la escena e invade a los protagonistas.

Esta presentación se dividió en tres actos, con intervalos de quince minutos para salir a relajarse o al baño.

Aún con los intervalos, puede resultar agobiante. En mi caso, el último acto me encontraba cansado, prestaba atención por momentos; se me dificultó mantener un interés constante.

Pero no fui el único; una situación inusual, alejada del tablado, acaparó mi mirada. Promediando el final, en medio de una música intensa, dramática, bañada en latón y percusiones, pude contemplar a una señora de unos cincuenta y tantos recostada sobre su lado izquierdo, roncando suavemente, la boca apenas abierta, las manos inermes en su regazo. Señora que, durante otros pasajes del espectáculo, se dedicó a enviar mensajes en su teléfono móvil. Señora que venía de Capital Federal en el servicio de transporte que dispone el teatro y, que por tanto, no podía retirarse a descansar a su casa.

Dormitó unos pocos minutos; cuando se repuso, la música, inapropiada para el sueño, aún recitaba su tragedia y el escenario brillaba de tensión. Llegó bien a los aplausos finales.

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Written by Pablo

15/12/2011 at 3:56 pm

Publicado en Cosas que pasan, Música

“No, no voy a ver a U2”

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O en su versión corta: “no” para amigos y entendidos. Es la respuesta a la pregunta de moda en estos días. Como si fuera lo único que ocurre en La Plata. De Hugo Chávez y la entrega del premio Rodolfo Walsh nadie me formuló comentario alguno. Ni qué decir de la opinión de Eduardo Duhalde, personaje siniestro si los hay, sobre este mismo tema.

O que Quebracho, una agrupación supuestamente vinculada a la izquierda, de notoria imagen por su violenta metodología, ofició de custodia de Chavez, según su propio sitio web.

Tampoco hemos hablado del otorgamiento de la libertad condicional de Conch… Perdón, de Ricardo Barreda, odontólogo famoso por haber cometido cuatro homicidios en su seno familiar en 1992. Los crímenes hasta inspiraron una canción. El que cantaba en aquella banda actualmente es director de la revista Barcelona.

Miguel Ángel Estrella, afamado pianista argentino de renombre mundial, brindó un Concierto por la Memoria en la UNLP, y fue lo mismo que informar que mi vecino tiene una perra blanca.

Capaz que no pasa nada. Capaz que puse demasiados links en pocos renglones. Capaz que una entrada a U2 hubiera evitado esta publicación.

(U2 y Muse se presentan 30/3, 2/4 y 3/4 en La Plata. Vi a U2 años atrás y el fin de semana, debido a un viaje imprevisto, no estaré en la ciudad.)

Written by Pablo

31/03/2011 at 10:52 am

Pacatería lírica

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Ya comenté en otra oportunidad la cuestión de las puestas en el Teatro Argentino de La Plata. No obstante, no he contado nada acerca de los desnudos.
El primero que vi en una ópera fue en Rigoletto, en junio de 2010. Hermosa puesta. En aquella obra de Verdi, el primer acto comienza con una orgía en el castillo del duque de Mantua. Sexo en el hogar de un noble. No soy un asiduo invitado a tales reuniones –tampoco a castillos-, indudablemente hay gente en su disfraz de Adán o Eva, según el caso.
En la puesta había numerosas jóvenes con sus pechos al aire. Algunas estaban en compañía de muchachos, otras eran correteadas por ellos. Aun siendo la ópera ajena a mostrar desnudos, la escena era perfectamente creíble y real.
Al finalizar el primer acto, una joven pareja, ubicada en la fila delante de la mía, expresaba su disgusto por los senos desnudos de varias de las intérpretes.
Una tarde de domingo de 2010, repitiendo el mismo escenario, me encontraba disfrutando de la ópera “Giulio Cesare in Egitto”, de Händel.
Finalizando el segundo acto, llega una escena fuerte. Es una violación, ausente en el libreto original. En el ultrajante acto, una de las víctimas exhibe sus pechos al público.
Una vez concluido el segundo acto permanezco en mi butaca. No puedo evitar oír conversar a dos personas en la fila de enfrente. El más joven tendría entre 25 y 30 años, su interlocutora rondaría el doble.
El muchacho manifestó cierta sorpresa por el busto expuesto de la joven. La señora lo escuchaba atentamente e intentaba explicarle. El sujeto no se quedó conforme e incluso comentó, “En Rigoletto también hay”. Sonreí para mis adentros, mientras pensaba, burlón: “¡Picarón, las venís siguiendo!”. “¡Tenemos un amante de las puestas ‘softcore’ de la ópera!”
En mi opinión, los desnudos no estuvieron fuera de lugar. Fueron de breve duración y ocurrieron en momentos específicos de cada obra, por lo que descarto la intención de provocar o llamar la atención. Sin embargo, me preocupa mucho más que haya mayor rechazo a un par de tetas que a una puñalada. Porque hay mucha muerte en la ópera, y nadie se levanta de su butaca y se retira por eso. Peor aún, el joven picarón de Giulio Cesare se indigna por los senos y no por la violación, que es una de las peores atrocidades y humillaciones a las que puede someterse a un semejante. Al picarón el árbol le tapó el bosque.

Written by Pablo

07/02/2011 at 10:30 am

Publicado en Anécdotas, Música, Opinión

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The Soprano

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Me encontraba en el Teatro Argentino de La Plata, durante la ópera Rigoletto, creación de Giuseppe Verdi, en algún momento de junio de 2010.
Habitualmente los espectáculos son puntuales, por lo que resulta conveniente llegar con tiempo. La gente va ubicándose en sus asientos, mientras que los que ya hallaron su lugar hojean el programa de la función. Otros prefieren asomarse al foso a observar a la orquesta. Mientras estaba sentado, miraba a la gente a mi alrededor. Pese a haber bastante audiencia, no se trató de una función a sala llena. Una espectadora se sentó cerca de mi ubicación. Ella estaba separada de mí por apenas una butaca vacía, su edad rondaría los sesenta años de edad, usaba el cabello corto castaño claro teñido y discretos anteojos de marco negro.
Comenzó la obra. Hermosa puesta, gran esfuerzo del Teatro y de los intérpretes.
En algún momento del primer acto comenzó a tararear algunas de las arias e incluso comentó la belleza de la obra. “¡Qué lindo!”, dijo. Obviamente conocía la música, la seguía bastante bien.
No soy de armar escándalos, así que la miré fijo un par de veces como para que depusiera su actitud. Me ignoró completamente y prosiguió de manera esporádica con su faena.
Al finalizar el primer acto, como es habitual, el grueso de los espectadores salió unos minutos. La improvisada soprano permaneció en el recinto, hablando con alguien que la conocía. Ella estaba al tanto de la música y sus melodías pero poseía pleno desconocimiento del libreto. Le contaron cómo seguía, y manifestó sorpresa e incredulidad por el desarrollo de los acontecimientos.
En el segundo acto también aterrorizó las arias con su canto, que invocó la ira de dos espectadoras de la fila inmediatamente detrás. Ellas le chistaron, exigiendo silencio. Nuestra denostada intérprete prosiguió unos instantes, como si nada hubiera ocurrido, pero al poco tiempo se calló, por lo menos hasta el final del segundo acto.
Llegado el final del segundo acto nuestra aspirante a Florence Foster Jenkins requería más información. “¿Termina acá?” preguntó. Le contaron hasta el final, y su rostro fue la imagen del desencanto.
Para el tercer acto se cambió de ubicación, bastante más alejada de la mía. Halló una butaca vacía unas filas más adelante. No supe nada más de ella. Quizás tenga que pagar para volver a verla.

Written by Pablo

13/01/2011 at 1:50 pm

Publicado en Anécdotas, Música

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Pornografía lírica

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Disfruto mucho la música. Independientemente del género, me dejo llevar por lo que tenga ganas de escuchar en el momento. Otras veces me guía el estado de ánimo. Normalmente escucho rock, y asisto a shows en vivo también, aunque hago lugar a otros géneros. Uno de ellos es la ópera, a la que acudo en el Teatro Argentino de La Plata.

Durante 2010, las puestas se salieron de lo tradicional, apelando a vestuarios y escenografías diferentes. Con diseños innovadores y vestuario –en ocasiones– fuera de época.

Acudí a casi todas las óperas este año, y en general las puestas no me gustaron, encabezando la lista Don Giovanni. En esta pieza de Mozart, la mayor parte del escenario estaba en declive hacia las plateas; Tres despojadas paredes en perspectiva llenaban la visión, los muros laterales contaban con puertas por donde los intérpretes entraban y salían durante el desarrollo de la obra. Completaban la escena un par de planos inclinados donde los cantantes se sentaban. Los edificios donde transcurre la acción fueron reemplazados por maquetas; Los intérpretes se arrojaban o sentaban en el suelo simulando estar en ellos o en su cercanía. El Comendador, en la parte final del espectáculo, no era una estatua, sino el mismo cantante, maquillado en color bronce y vistiendo un traje al tono, quien lo interpretó.

Maquetas e intérpretes en acción en Don Giovanni

Se apostó a la austeridad en ciertos casos, se diseñó mal en otros. Cuando los únicos que comprenden lo que está ocurriendo en escena son los conocedores o los que leyeron la guía, algo está fallando.

Pero sin lugar a dudas, el cambio que generó mayor desaprobación fue presentar desnudos. Se suscitaron quejas en diversos medios; Los diarios transmitieron el escarnio en sus correos de lectores. Una nota publicada en el diario El Día da cuenta de esta situación. Se exponen posiciones de algunos asistentes a la obra, así como el descargo de Marcelo Lombardero, director artístico del teatro.

El artículo que dispara la respuesta de Lombardero es la crítica vertida sobre la presentación de la ópera Rigoletto, que puede leerse aquí, donde el periodista Mario Vivino, aun elogiando el esfuerzo, la califica de “pornografía lírica”.

También apareció una nota en el suplemento “Radar”, perteneciente al diario Página 12 (puede leerse aquí), donde se busca entender la reacción de parte del público y se entrevista a Marcelo Lombardero.

Muchos de los habitués de la ópera dejaron de ir, originando un boicot. Numerosas butacas vacías se hallaron en las últimas funciones. Algunos asistentes se retiraron prematuramente, durante las funciones, heridos en su moral.

El boicot se ve parcialmente compensado por la presencia de un público más joven, impulsado por un importante descuento en las entradas remanentes.

En un país donde a la teta se le dice “lola”, y donde cierto sector que va a la ópera se considera a sí mismo más culto y educado que el resto, y que elige no ir a las controvertidas funciones, queda claro que estas señales auguran un mal presagio para quienes pretenden innovar.

Written by Pablo

18/12/2010 at 2:26 am

Publicado en Música, Opinión

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