Caótico Maligno

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Lectura express

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Revista "Ñ", 07 de mayo de 2011

 

Sobre estas líneas puse una reseña literaria del libro “Crónica de Sombras. Sobre escritos inéditos de Jacobo Fijman”, de Andrés H. Allegroni, que fuera publicada esta semana en uno de los diarios de mayor tirada en la República Argentina.

El autor de la nota la inicia disculpándose por no haber podido identificar la esencia del libro en base a los elementos de la edición. Confesó que apenas leyó el prólogo y que “no hizo falta (leer) más”. Expuso un pobre justificativo para ese accionar (“Empezaron a acumularse las preguntas: ¿ese diario o los textos que se incluyen, son inéditos? ¿alguien lo conocía?”), prosiguió con una igualmente corta referencia biográfica de Jacobo Fijman, citó el primer renglón de la solapa, y en las últimas oraciones cayó presa de su propia telaraña: invalidó su excusa al proponer que un libro sea leído dejando de lado los planteos sobre la naturaleza ficcional o real de su argumento.

Irónicamente, el autor de la nota, un Licenciado en Comunicación Social, se quedó sin qué decir y llenó de palabras vanas unas cuantas líneas. Al no haber leído el libro, no opina sobre él. Su reseña es la no reseña: comenta que es incapaz de formular un juicio de valor sobre la publicación.

Aunque improbable, valoraría un esfuerzo por enmendar la situación. Un esfuerzo que hiciera justicia con el autor, con el tiempo que dedicó a su obra, con la obra en sí misma, con los lectores del artículo. Quisiera ver saldada esa cuenta antes de concluir que en el suplemento de cultura de Clarín se le asignó un espacio al ganador de Gran Hermano.

Written by Pablo

12/05/2011 at 3:51 pm

Respuestas obvias

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– ¿Vas a salir con esta lluvia?

– ¡No, voy a salir en la próxima!

 

El diálogo de arriba es un viejo chiste que se puede encontrar en internet, pero me sirve como introducción. Todos hemos formulado preguntas de obvia respuesta, o las hemos padecido. A veces resulta tentador contestar fuera de lo socialmente aceptable, que, aunque pueda cargar ironía, sarcasmo o peor, rudeza, es más original. De hecho, encuentro cierta atracción en aprovechar la oportunidad de enseñarle a preguntar al curioso. Tiene que aprender que el idioma es suficientemente amplio como para eliminar la diferencia entre aquello que pregunta y lo que desea preguntar, o tiene que aprender a pensar antes de hablar. Desde ya, quien responde de esta manera porta el sambenito del malhumor y pésimo carácter, por más que algunos puedan festejarle la ocurrencia.

A continuación, entonces, vienen unos pequeños ejemplos vertidos por los especímenes que me rodean.

 

Caso 1. Un jueves de 2010, alrededor de las dos y media de la tarde. Desde hace unos días atrás el tiempo encuentra su perseverancia en la lluvia. No llueve a cántaros, pero cae el agua con la cantidad y frecuencia suficientes como para hacerte pensar que no va a parar nunca.

Allí entro en escena. Suelo ir caminando al trabajo, estoy a una media hora de distancia.

Llego al trabajo retrasado, empapado e incómodo. Una compañera de otra oficina, quien me ve entrar, me saluda y me pregunta:

 

– ¿Llueve?

– Noooo, –respondo, con mi habitual tono irónico– uso la ropa así. La mojo a propósito.

– Siempre de mal humor, vos…

 

La joven del ejemplo pudo haber consultado el estado del tiempo en internet, la radio o mirando por la ventana. Hasta pudo haber observado el evidente estado de mis ropas con un mínimo de perspicacia. ¿Es necesario preguntar por el tiempo a alguien que ingresa mojado a un recinto, a sabiendas que llueve desde hace un par de días atrás? ¿Se trata del minuto a minuto climático?

Capaz que pido mucho, pero si ella me hubiera preguntado “¿Te mojaste mucho?” habría quedado bien conmigo y educadamente se hubiera enterado del devenir climático. Claro, hubiera tenido que fingir interés en mi situación.

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Written by Pablo

28/02/2011 at 10:30 am

Publicado en Anécdotas, La quinta pata

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Recado

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Una nota en el trabajo

Es un fragmento de una nota que me dejaron el lunes pasado en mi trabajo. Leyendo el destinatario, quedan dos conclusiones: O me quieren poco o me conocen mucho.

En fin, acertar 4 de 5 letras de mi nombre representa el 80%, es un buen promedio. No está mal… Salvo que la nota fue escrita por mi jefa y hace casi seis años que trabajo allí.

Written by Pablo

21/02/2011 at 10:30 am

Publicado en Imágenes, La quinta pata

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Hacer el indio

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Estuve leyendo “El guardián entre el centeno” de Salinger. Sé que es un libro para adolescentes, pero igual quise hacerlo. No lo sabía al empezar, pero se trataba de una traducción floja que además contaba con demasiadas locuciones españolas. Así y todo, en un rato llegué a la mitad del libro.

A lo largo de la lectura encontré repetidas veces la expresión “hacer el indio” (horsing around, de acuerdo con la traducción).

“Estaba haciendo el indio, claro. A veces lo paso bárbaro con eso.”

Analizando el contexto, supuse que quería decir “hacerse el tonto” o algo similar.

En un capítulo posterior, Stradlater le dice a Holden: “¡Deja ya de hacer el indio!” y me sonó a “dejá de jugar conmigo” o peor, “dejá de hacerte el tonto”. No me sonó tan parecido al ejemplo anterior.

Busqué en una enciclopedia y no encontré la expresión. En el sito web de la Real Academia Española dice: “Divertirse o divertir a los demás con travesuras o bromas”, o “Hacer algo desacertado y perjudicial para quien lo hace”. No me satisfizo, sentí que no encajaba. Decidí, entonces, hacerme de una versión en el idioma original, en inglés.

En inglés es un libro completamente distinto, mucho más interesante, donde el relato es mucho más ameno, está colmado de insultos y modismos, y hasta me costó unos pesos menos que su contraparte hispana. Al leer un instante la versión en su idioma original comprendí las razones de la censura del libro en su época.

Naturalmente, en diversos momentos comparé ambos libros hasta que me quedé con la versión inglesa y percibí el inefable, dulce aroma de la libre interpretación.

La traducción me resultó pobre, y esto es sólo el comienzo. Ahora bien, ¿por qué “hacer el indio”? ¿Por qué considerar a los aborígenes, dueños originales de la tierra, como criaturas carentes de inteligencia y fáciles de embaucar? ¿Porque no actuaron como los colonizadores? ¿Acaso por el predecible resultado de las sangrientas estrategias del imperio? Las tribus aborígenes que aún persisten se encuentran marginadas, reducidas, ignoradas y maltratadas. Pero todavía siguen siendo individuos que quieren vivir su vida bajo sus propias creencias, religión y costumbres. Ni el idioma español los respeta.

Written by Pablo

30/12/2010 at 11:45 am

Publicado en Idioma, La quinta pata

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Compás

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Hace unos días, acompañado de un café, leí en la revista argentina “Veintitrés” un artículo sobre política nacional. Usualmente la revista contiene buena información, se ha convertido en una de mis opciones para interiorizarme de lo que ocurre en el país.

La nota, firmada por Carlos Romero, se llama “El destape más temido”. En ella, se vincula, cable diplomático mediante, al periodista Joaquín Morales Solá con la diplomacia norteamericana y con la cúpula militar durante la dictadura.

La revista cita un cable de 1978, documento desclasificado por el Departamento de Estado de aquel país, de fecha anterior al escándalo de WikiLeaks. El nombre de Morales Solá aparece en el cable, señalando por primera vez la vinculación de periodistas con quienes detentaron el poder de la forma más cruel y terrible en la República Argentina. Se mencionan además otros cables y otros nombres (Miguel Alurralde, Heriberto Kahn y Mariano Grondona), pero Morales Solá siempre negó sus vínculos con la cúpula militar, aun existiendo evidencia fotográfica.

Pese a la calidad del artículo, una oración en él me llamó la atención. A continuación copio el párrafo donde se encuentra.

“… el oficial de Información John Corr dio cuenta de una conversación que mantuvo con Morales Solá en la sede diplomática de EE. UU. en Buenos Aires. Por entonces, el periodista se desempeñaba como prosecretario de la sección Política del diario Clarín. Mientras miles de argentinos se sacudían al ritmo de la picana, el diario disfrutaba de la flamante apropiación de Papel Prensa y el gobierno de facto crujía en internas salvajes.”

El párrafo en cuestión. Arriba a la derecha, una foto comprometedora.

Podría considerarse un detalle nimio, secundario, reparar en una frase presuntamente fuera de lugar. Quizás lo sea. La proposición de marras reza “Mientras miles de argentinos se sacudían al ritmo de la picana,…”

El señor Romero, en su afán por ilustrar la situación social de la época, y más concretamente la complicidad de algunos medios con el gobierno militar, equiparó la alegría de los movimientos rítmicos del baile con el horror de las convulsiones generadas ante la presencia de corriente eléctrica en el cuerpo. Establece un parangón entre la cadencia de la danza y los dolorosos espasmos fruto de un tormento perpetrado por criminales.

Conocida es la postura de la publicación, contraria a cualquier manifestación que vulnere los derechos humanos, la igualdad entre los seres, la libertad de prensa, el derecho a la información, entre tantos otros valores.

Desde el inicio del artículo, se infiere que su autor no ha tenido mala intención y se encuentra en concordancia con la defensa de los mencionados valores. Empero, ha tenido, en mi opinión y como se dice habitualmente, una expresión desacertada o poco feliz al componer una desproporcionada ironía a partir de un tema delicado e irresoluto.

Written by Pablo

20/12/2010 at 7:39 pm

Publicado en La quinta pata

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