Caótico Maligno

La efe blanca

leave a comment »

Finalmente cedí y me hice una cuenta en Facebook. Llevó tiempo decidirme, pero me vi empujado por la idea de reunir a la familia, retomando lazos perdidos en la distancia que los años y la vida imponen. El reencuentro se complica porque hay quienes residen del otro lado del Atlántico, pero Facebook podría acercarnos, al menos no físicamente.

No obstante, Facebook nunca contó con mis favores. Primero, porque prefiero la comunicación cara a cara. Segundo, porque cada noticia sobre las fallas de seguridad acaecidas en esa monolítica, granítica red me impactó: no es aceptable que un tercero pueda acceder a contenido privado. Tercero, porque aborrezco la gente chusma. Cuarto y último, porque la invitación que recibí el año pasado puso a prueba mi nivel de paranoia. Paso a contar.

A mediados de 2010 recibí en mi cuenta de correo electrónico una solicitud de amistad proveniente de un amigo cercano. La invitación era para la red social Facebook. Si hubiera tenido cuenta en ese entonces, un clic en el enlace incluido hubiera bastado para admitirlo.

Un recuadro en la invitación se robó mi mirada. Facebook no me conocía y ya me estaba sugiriendo dos amigos: demasiada confianza para mi gusto. Leí los nombres. Conozco a ambas personas, y me consta que ellas no se conocen entre sí. Ver desde afuera a esa gran base de datos cruzando tantas instancias -de sus integrantes y de quienes no lo éramos en aquel entonces- me produjo rechazo y despertó mi alarma.

Cuando hablé con el que me mandó la invitación, dijo que usó la opción de enviarlas a todos sus contactos del correo electrónico.

A efectos de eludir riesgos evito brindar datos personales, muy especialmente en internet. Cuando las exigencias de un sitio equis demandan crear una cuenta, examino los campos del formulario. Hago lo que asumo hace todo aquel que posee un mínimo atisbo de paranoia con sus datos personales: si los ítems son opcionales, los omito; miento escandalosamente en los inevitables. Si tengo que jurar electrónicamente que soy irlandés, protestante, de 55 años, hincha del Glasgow Rangers, que vivo en Albania en la calle “qué te importa” de Tirana y que tengo los dientes desprolijos, todo esto para poder leer historias con leprechauns en un foro irlandés, lo hago. En internet, universo amorfo y anónimo donde la verdad se disfraza de mentira –o al menos inexactitud- replicada, ¿quién cuestionaría la veracidad de lo enunciado por un sujeto de gris existencia? En ese universo, distorsionar la realidad no es mentir o estar equivocado, es declarar hechos difíciles de comprobar. Si lo hace Wikipedia, ¿por qué no puedo hacerlo yo?

Así que cuando tomé la decisión de acceder al mágico mundo de la efe blanca tenía todo planificado en mi cabeza. Creé una cuenta de correo exclusivamente a tal efecto. Ya en Facebook, llené con calumnias un mínimo de datos básicos para mantenerla activa.

Me familiaricé con la interfaz, di vueltas por aquí y allá… La verdad que Facebook me aburre. Supongo que por eso hay mucha gente de levante ahí.

Anuncios

Written by Pablo

18/10/2011 a 5:32 pm

Publicado en Anécdotas

Tagged with

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: