Caótico Maligno

Una opinión más del canon digital

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He estado leyendo sobre este añejo proyecto en los últimos días, y sigo creyendo que deja mucho que desear, ni siquiera tiene buenas intenciones. Está colmado de puntos cuestionables, que, para no ser reiterativo, me limitaré a citar: la presunción de delito, la invasión a la privacidad (artículo 19 de la Constitución Nacional), el dudoso destino de los fondos, ejemplos donde el cobro del gravamen sería injusto, entre otros.

Este es uno de los últimos artículos que leí, es bastante claro incluso para quien aún no se ha enterado de qué va la mano. Toca además el fracaso en la implementación del canon en España (la llamada ley Sinde), que ahora acarrea la matriz de la desconfianza merced al desvío de los fondos, y comenta sobre la necesidad de cambiar el modelo de negocio musical.

Además de todos estos ítems, me preocupa el mensaje que nos está enviando el Estado nacional a través de este proyecto.

Primero, el Estado admite su incapacidad de combatir la piratería, porque no puede o no quiere. El mismo Estado que, por citar un delito corriente, incorpora empleados en negro entre sus instituciones. Si la administración pública no cambió en los últimos treinta segundos, una obscena mayoría de las PCs tiene instalado Windows desde una copia ilegal.

Un proyecto de esta calaña me hace pensar en la renuncia –o renuencia- a combatir la ilegalidad. La defensa de la propiedad intelectual se convierte en un tema de fondo, es mejor compensar monetariamente lo que no puede evitarse. Hermoso mensaje para cualquier autor deseoso de vivir honestamente de su creatividad saber que su gobierno, en lugar de protegerlo, pretende brindarle un paliativo como si fuera víctima de una desgracia terminal.

Segundo, no veo al proyecto muy en sintonía con la ley de propiedad intelectual, la 11.723. Si realizo una copia ilegal de una película en un DVD, estoy incurriendo en un delito que podría llevarme a la cárcel. El Estado nacional prefiere sospechar que voy a delinquir y me permite comprar el medio grabable, previo pago de un gravamen adicional. Me permito suponer, entonces, que si el proyecto se convirtiera en ley y yo delinquiera, el Estado sería mi cómplice; por ende, le correspondería una pena también. ¿Veríamos, en el peor de los casos, a Miguel Angel Pichetto, a Rubén Giustiniani o a la Presidente de la Nación en una celda contigua a la mía? Ja. Y luego dicen que el crimen perfecto no existe.

Siguiendo el ejemplo, no es descabellado ver esta carga monetaria desde otra perspectiva: como el sueño de todo corrupto. Es plausible ver el gravamen como una coima, pero no una coima cualquiera. Una coima con marco legal, con papeles, debidamente establecida. Una dádiva estipulada por nuestros representantes, siempre sospechados de manipular indebida y arbitrariamente los recursos que el pueblo aporta.

Finalmente, se me ocurre que el gravamen podría incentivar la piratería. Si el porcentaje de CDs y DVDs utilizados para realizar copias ilegales es tan alto como para justificar este incremento en su valor, es de esperar que el mercado ilegal crezca para amortizarlo. Claro que los ingresos por el gravamen también crecerían…

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Written by Pablo

18/07/2011 a 3:32 am

Publicado en Opinión

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