Caótico Maligno

La llave

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En mi lugar de trabajo tenemos dos turnos: uno a la mañana y otro a la tarde. Salvo en circunstancias extraordinarias, léase una azarosa conjunción estelar, un triunfo de Boca Juniors, o la más probable, cuando las obligaciones estiran el horario, no nos vemos. La esporádica comunicación entre turnos ocurre por escrito.

Desde fines de 2009, fecha en la que tuvo lugar un robo, se decidió que las puertas de cada dependencia tengan solamente un manijón afuera, a efectos de proteger al personal. Quien quiera ingresar, entonces, debe contar con la llave o desde adentro alguien debe abrirle, sea en forma manual o electrónica.

La llave de la oficina donde trabajo se cuelga en un tablero, ubicado en otra oficina. Ambos turnos acudimos a buscar la llave antes de empezar y la depositamos allí al retirarnos.

Pues un día, con la excusa de cerciorarse que yo pudiera entrar, mi jefa ordenó hacer una copia adicional de aquella llave para mí, que varias veces rechacé terminantemente. Llave que, además, ella decidió duplicar por su cuenta, sin responder a sus superiores.

La última vez que tuve que repetir mi argumento fue precisamente ante ella, a fines del año pasado.

 

-No me parece que tenga que tomar una responsabilidad más sólo porque las chicas de la mañana sean incapaces de cuidar una llave- dije. Y lamentablemente es cierto. Muchas veces han faltado llaves. En la peor situación, acaecida hace unos años, no tuve alternativa y llamé a mi anterior jefe a su casa, para que volviera y cerrara con llave. Días después nos enteramos que la llave que afanosamente buscamos había caído en el cesto de la basura.

-Hice bien en no aceptar la llave que me proponían –proseguí. -¿Qué hubieran hecho? ¿Me hubieran llamado a casa para que viniera a abrirles?
-Yo tengo mi propia copia- respondió.

 

Ahí descubrí que existía una réplica adicional. Mi jefa actual sigue, en ese aspecto, los pasos de su sucesor.

 

-Es tu decisión. Tendrás tus razones. Pero no las comparto.

 

La nueva llave, esa que rechacé, fue a hacerle compañía a la primera en el tablero.

Este año comenzó como terminó el anterior: a veces una de las llaves se toma un par de días libres y regresa al tercero. Como siempre queda la restante, el cambio de turnos prosigue su curso normal.

A principios de febrero un empleado de seguridad encontró una llave de la oficina en el suelo, en un pasillo. Fue una advertencia del destino, pues pocos días después de este incidente esa misma pieza de bronce desapareció para no volver.

Tiempo después le pregunté a mi jefa si tenía novedades del caso.

 

-Para mí la tiene J…, pero se hace la tonta y lo va a negar.

 

La presunta sospechosa tiene fama de despistada: es su mano derecha y una de sus mejores amigas. El lector podrá deducir que los límites entre la relación personal y la laboral están difuminados, y que no fue la jefa quien respondió mi inquietud. Fue la amiga de la susodicha, la compinche y camarada.

Cada anochecer, cuando cierro la oficina, tomo la llave, esa que iba a ser para mí, y la miro unos instantes, imaginando cuánto tiempo falta para que se ausente.

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Written by Pablo

05/05/2011 a 9:59 am

Publicado en Cosas que pasan

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3 comentarios

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  1. En todos los laburos hay gente capaz de encontrar problemas a soluciones.
    Y yo, en tu caso, no acepto la llave ni en pedo.

    Ale

    09/05/2011 at 9:46 pm

    • Lo que pasa es que hay que tomar el toro por las astas, mi jefa tiene que dejar de lado el tema de la amistad y ponerse las pilas. Cada uno tiene que poner su parte y asumir la responsabilidad que le toca. Mi jefa, que no es una jefa convencional, sino más bien “uno de los nuestros”, tendría que demarcar límites y los demás aceptarlos.
      Y lo de la llave, hay que ser muy “inocente” para aceptar sin entender las responsabilidades que vienen detrás dadas además las condiciones del caso.
      ¡Muchas gracias Ale por pasar y comentar!
      Un abrazo

      Pablo

      11/05/2011 at 1:04 am

  2. […] cuando mi jefa apareció con una nueva copia de la llave de la oficina diciendo que era para mí, me pregunté si ella, que jura valorarme, es o se hace. Si […]


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