Caótico Maligno

Desde un alto estrado

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Por estos días, mi madre padece una tos importante, acompañada de fiebre. Nada serio, pero se ha extendido por espacio de una semana. Bronquitis, dictaminó su médico, y le ordenó reposo y tres días de licencia.

Según me contó, ayer pasó la médica de Reconocimientos Médicos, correspondiente a uno de sus dos trabajos.

La médica tocó timbre. Mi madre tuvo que ir hasta la puerta de calle: cuarenta metros de un pasillo al aire libre, pues no hay un mecanismo electrónico. Si en el trayecto hubiera padecido temperatura, tal vez podría haberse caído, pero por fortuna no sucedió nada.

La médica, al verla en la entrada, se sorprendió:

-¡Pero ud. puede deambular!
-Bueno, tuve que venir a abrir la puerta.

Tras haberla auscultado, la doctora le concedió renuentemente dos días de licencia, dando a entender que no los necesitaba.

-No me está haciendo un favor, no tiene por qué darme días si cree que no hacen falta. Mi médico me dijo que guardara reposo y estuviera en cama.
-¡Pero ud. puede deambular!- repitió.
-¿Y quién le iba a abrir la puerta, si estoy sola?

Me choca la reacción torpe de la especialista, aunque se trate de una reacción corriente. Como si, pese a revisarla, creyera que mi madre miente. Mi madre ha trabajado toda su vida y se encuentra cerca de jubilarse. No va a mentirle al médico para ganarse unos días de vacaciones.

Sin ánimo de decirle a la doctora cómo realizar su labor, quizás debiera recordársele que no es requisito estar grave para padecer un malestar. Que no existen umbrales de dolor o debilidad a alcanzar para considerarse enfermo. Que no todo el mundo es laxo, perezoso y miente. Que el prejuicio es una enfermedad de carácter terminal si no es tratada a tiempo: Nubla el criterio y pone a los eruditos en un alto estrado, desde donde emanan sus veredictos basados más en sus pergaminos que en su sapiencia.

Acaso sus conocimientos necesiten una pequeña motivación y sea menester teatralizar el sufrimiento, fingiendo dolencias adicionales, simulando padecimientos, añadiendo achaques.
No conozco la vida de esta facultativa, pero su actitud me remite al trabajo en la rama privada, donde en algunos casos el dueño de una empresa considera que es propietario además de sus empleados y, por consiguiente, de sus estándares de salud.

Como detalle adicional, aun cuando mi madre debe reposar, es completamente lógico que se desplace: Es una bronquitis, no una fractura de tibia. Puede ir al baño o hasta la cocina a buscar un vaso de agua sin necesidad de terceros.

No obstante, quizá deba urdir una estrategia que, apropiadamente, remedie esta situación. La próxima vez le sugeriré a mi madre que repte cuando llame el médico –con dificultad, para no despertar sospechas- hasta la calle.

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Written by Pablo

23/03/2011 a 10:18 am

Publicado en Cosas que pasan

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