Caótico Maligno

Respuestas obvias

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– ¿Vas a salir con esta lluvia?

– ¡No, voy a salir en la próxima!

 

El diálogo de arriba es un viejo chiste que se puede encontrar en internet, pero me sirve como introducción. Todos hemos formulado preguntas de obvia respuesta, o las hemos padecido. A veces resulta tentador contestar fuera de lo socialmente aceptable, que, aunque pueda cargar ironía, sarcasmo o peor, rudeza, es más original. De hecho, encuentro cierta atracción en aprovechar la oportunidad de enseñarle a preguntar al curioso. Tiene que aprender que el idioma es suficientemente amplio como para eliminar la diferencia entre aquello que pregunta y lo que desea preguntar, o tiene que aprender a pensar antes de hablar. Desde ya, quien responde de esta manera porta el sambenito del malhumor y pésimo carácter, por más que algunos puedan festejarle la ocurrencia.

A continuación, entonces, vienen unos pequeños ejemplos vertidos por los especímenes que me rodean.

 

Caso 1. Un jueves de 2010, alrededor de las dos y media de la tarde. Desde hace unos días atrás el tiempo encuentra su perseverancia en la lluvia. No llueve a cántaros, pero cae el agua con la cantidad y frecuencia suficientes como para hacerte pensar que no va a parar nunca.

Allí entro en escena. Suelo ir caminando al trabajo, estoy a una media hora de distancia.

Llego al trabajo retrasado, empapado e incómodo. Una compañera de otra oficina, quien me ve entrar, me saluda y me pregunta:

 

– ¿Llueve?

– Noooo, –respondo, con mi habitual tono irónico– uso la ropa así. La mojo a propósito.

– Siempre de mal humor, vos…

 

La joven del ejemplo pudo haber consultado el estado del tiempo en internet, la radio o mirando por la ventana. Hasta pudo haber observado el evidente estado de mis ropas con un mínimo de perspicacia. ¿Es necesario preguntar por el tiempo a alguien que ingresa mojado a un recinto, a sabiendas que llueve desde hace un par de días atrás? ¿Se trata del minuto a minuto climático?

Capaz que pido mucho, pero si ella me hubiera preguntado “¿Te mojaste mucho?” habría quedado bien conmigo y educadamente se hubiera enterado del devenir climático. Claro, hubiera tenido que fingir interés en mi situación.

Caso 2. En otra ocasión, estando en el trabajo, fui al archivo y constaté que la iluminación no funcionaba. Siendo un depósito subterráneo que apenas cuenta con un ducto de ventilación, la oscuridad es total. Regresé a la oficina y le comenté a otro empleado sobre este incidente, a lo que me preguntó:

 

– ¿Pero vos prendiste la luz?

– ¿Sabés que lo pensé?– respondí, mientras me reía. La situación se prestaba para una burla mayor, pero extrañamente opté por cierta sutileza. No quería que descubriera que tengo ultrasonido como los murciélagos.

 

Caso 3. Tenía mi entrada para ver a Pixies, había avisado en el trabajo que me retiraría antes para acudir temprano al recital, en fin, estaba todo listo y el mundo avisado.

El día posterior al recital, un compañero de trabajo pregunta:

 

– ¿Y, fuiste a ver a los Pixies?

– No, me sorprendieron y fueron a casa.

– Ah, ¡qué bueno!

– No, en realidad fue un garrón. Ya había salido para Buenos Aires, y después de esperar un rato en el Luna Park, no sin hacer quilombo me volví a La Plata. Llegué y descubrí lo que había pasado, pero como el show ya había comenzado no pude entrar, así que tuve que hacer puerta en mi propia casa.

 

(Nota: Mi segunda respuesta nunca existió, pero me hubiera encantado hacerla. Realicé un comentario del espectáculo)

 

Ok, en esta última me puse puntilloso con una persona que quiso ser simpática y agradable, aun cuando Pixies no le interesa, pero que sabía que iba al recital.

En estos tres casos las preguntas no me molestaron, de hecho me reí; Pero en situaciones más serias y complejas me irritan. Las considero una muestra de desaprensión, de desinterés, o un intento de subestimarme. Cuando se usan para dilatar situaciones o para hacerse el tonto me molestan más aún. Denotan mala intención, falta de decisión en algunos casos, o la necesidad de ocultar algo en otros. Si no querés hablar de algo podés excusarte y decirlo. Si no sabés cómo proceder en determinada instancia podés pedir ayuda. ¿No querés hacer una tarea equis? Perfecto. Pero no estorbes ni me hagas perder mi tiempo en vos. Los rodeos y circunloquios merecen otro receptor.

Para colmo, en ocasiones la gente se ofende por mis respuestas. Los susceptibles deberían abstenerse de formular ciertas inquietudes.

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Written by Pablo

28/02/2011 a 10:30 am

Publicado en Anécdotas, La quinta pata

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