Caótico Maligno

Pacatería lírica

leave a comment »

Ya comenté en otra oportunidad la cuestión de las puestas en el Teatro Argentino de La Plata. No obstante, no he contado nada acerca de los desnudos.
El primero que vi en una ópera fue en Rigoletto, en junio de 2010. Hermosa puesta. En aquella obra de Verdi, el primer acto comienza con una orgía en el castillo del duque de Mantua. Sexo en el hogar de un noble. No soy un asiduo invitado a tales reuniones –tampoco a castillos-, indudablemente hay gente en su disfraz de Adán o Eva, según el caso.
En la puesta había numerosas jóvenes con sus pechos al aire. Algunas estaban en compañía de muchachos, otras eran correteadas por ellos. Aun siendo la ópera ajena a mostrar desnudos, la escena era perfectamente creíble y real.
Al finalizar el primer acto, una joven pareja, ubicada en la fila delante de la mía, expresaba su disgusto por los senos desnudos de varias de las intérpretes.
Una tarde de domingo de 2010, repitiendo el mismo escenario, me encontraba disfrutando de la ópera “Giulio Cesare in Egitto”, de Händel.
Finalizando el segundo acto, llega una escena fuerte. Es una violación, ausente en el libreto original. En el ultrajante acto, una de las víctimas exhibe sus pechos al público.
Una vez concluido el segundo acto permanezco en mi butaca. No puedo evitar oír conversar a dos personas en la fila de enfrente. El más joven tendría entre 25 y 30 años, su interlocutora rondaría el doble.
El muchacho manifestó cierta sorpresa por el busto expuesto de la joven. La señora lo escuchaba atentamente e intentaba explicarle. El sujeto no se quedó conforme e incluso comentó, “En Rigoletto también hay”. Sonreí para mis adentros, mientras pensaba, burlón: “¡Picarón, las venís siguiendo!”. “¡Tenemos un amante de las puestas ‘softcore’ de la ópera!”
En mi opinión, los desnudos no estuvieron fuera de lugar. Fueron de breve duración y ocurrieron en momentos específicos de cada obra, por lo que descarto la intención de provocar o llamar la atención. Sin embargo, me preocupa mucho más que haya mayor rechazo a un par de tetas que a una puñalada. Porque hay mucha muerte en la ópera, y nadie se levanta de su butaca y se retira por eso. Peor aún, el joven picarón de Giulio Cesare se indigna por los senos y no por la violación, que es una de las peores atrocidades y humillaciones a las que puede someterse a un semejante. Al picarón el árbol le tapó el bosque.

Anuncios

Written by Pablo

07/02/2011 a 10:30 am

Publicado en Anécdotas, Música, Opinión

Tagged with

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: