Caótico Maligno

¿No tenías algo más patético para hacer?

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Considero que la diplomacia no es mi fuerte, especialmente en las ocasiones donde hay algún sentimiento involucrado. Allí percibo dificultades para expresar lo que quiero decir; Las palabras abandonan mi mente. Culpo al Hombre de Neandertal que a fuerza de garrotazos me surge y las expulsa, hace desaparecer los resabios del homo sapiens que alguna vez creí ser.

Estando en el trabajo, mi compañera me contó que era el cumpleaños de su hermano menor, y que había olvidado saludarlo. ¿Pues qué hizo? Lo saludó por Facebook. Al hermano. Con el que vive. El título de esta entrada es lo que le respondí, entre indignado e irónico. Esgrimió una ligera sonrisa, una tibia mueca, a falta de una respuesta mejor. Claro, es chica y no se anima a mandarme al diablo. Ni siquiera vía internet. Mucho menos a pedirme una explicación.

La brutalidad de mi comentario, empero, esconde en su agresividad un significado subyacente.
No vivo con mi hermano. Nos separan cientos de kilómetros. Nuestra comunicación es telefónica o por chat. Cuando puedo, viajo, y si las circunstancias lo permiten, acudo a su cumpleaños, y hasta puede que le lleve un obsequio. Si no puedo ir, al menos lo llamo.

De acuerdo, la relación entre dos hermanos del mismo sexo es distinta que cuando ambos son de distinto género. Y en el caso particular de esta niña, su orden de prioridades es otro (novio, amigas). Pero tu hermano lleva tu misma sangre, es tu familia directa. Y si tenés la posibilidad de decirle lo que sentís, aprovechala. Nunca está de más, y todo gesto dulce, tierno, amable, es valorado.

Enviar un SMS o utilizar Facebook para comunicarte cuando podés utilizar otros medios menos fríos e impersonales es una forma de eludir un compromiso, de evitar una situación que se antoja incómoda. Se trata de un módico subterfugio para quedar bien con uno mismo, no con el prójimo. Importa más acallar los gritos de la propia culpa que recibir el cálido agradecimiento ajeno.

Quizás debí haberle explicado de este modo. O quizás no. La culpa es del Neandertal, no mía.

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Written by Pablo

09/12/2010 a 12:40 am

Publicado en Anécdotas

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