Caótico Maligno

Archive for diciembre 2010

Hacer el indio

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Estuve leyendo “El guardián entre el centeno” de Salinger. Sé que es un libro para adolescentes, pero igual quise hacerlo. No lo sabía al empezar, pero se trataba de una traducción floja que además contaba con demasiadas locuciones españolas. Así y todo, en un rato llegué a la mitad del libro.

A lo largo de la lectura encontré repetidas veces la expresión “hacer el indio” (horsing around, de acuerdo con la traducción).

“Estaba haciendo el indio, claro. A veces lo paso bárbaro con eso.”

Analizando el contexto, supuse que quería decir “hacerse el tonto” o algo similar.

En un capítulo posterior, Stradlater le dice a Holden: “¡Deja ya de hacer el indio!” y me sonó a “dejá de jugar conmigo” o peor, “dejá de hacerte el tonto”. No me sonó tan parecido al ejemplo anterior.

Busqué en una enciclopedia y no encontré la expresión. En el sito web de la Real Academia Española dice: “Divertirse o divertir a los demás con travesuras o bromas”, o “Hacer algo desacertado y perjudicial para quien lo hace”. No me satisfizo, sentí que no encajaba. Decidí, entonces, hacerme de una versión en el idioma original, en inglés.

En inglés es un libro completamente distinto, mucho más interesante, donde el relato es mucho más ameno, está colmado de insultos y modismos, y hasta me costó unos pesos menos que su contraparte hispana. Al leer un instante la versión en su idioma original comprendí las razones de la censura del libro en su época.

Naturalmente, en diversos momentos comparé ambos libros hasta que me quedé con la versión inglesa y percibí el inefable, dulce aroma de la libre interpretación.

La traducción me resultó pobre, y esto es sólo el comienzo. Ahora bien, ¿por qué “hacer el indio”? ¿Por qué considerar a los aborígenes, dueños originales de la tierra, como criaturas carentes de inteligencia y fáciles de embaucar? ¿Porque no actuaron como los colonizadores? ¿Acaso por el predecible resultado de las sangrientas estrategias del imperio? Las tribus aborígenes que aún persisten se encuentran marginadas, reducidas, ignoradas y maltratadas. Pero todavía siguen siendo individuos que quieren vivir su vida bajo sus propias creencias, religión y costumbres. Ni el idioma español los respeta.

Written by Pablo

30/12/2010 at 11:45 am

Publicado en Idioma, La quinta pata

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Compás

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Hace unos días, acompañado de un café, leí en la revista argentina “Veintitrés” un artículo sobre política nacional. Usualmente la revista contiene buena información, se ha convertido en una de mis opciones para interiorizarme de lo que ocurre en el país.

La nota, firmada por Carlos Romero, se llama “El destape más temido”. En ella, se vincula, cable diplomático mediante, al periodista Joaquín Morales Solá con la diplomacia norteamericana y con la cúpula militar durante la dictadura.

La revista cita un cable de 1978, documento desclasificado por el Departamento de Estado de aquel país, de fecha anterior al escándalo de WikiLeaks. El nombre de Morales Solá aparece en el cable, señalando por primera vez la vinculación de periodistas con quienes detentaron el poder de la forma más cruel y terrible en la República Argentina. Se mencionan además otros cables y otros nombres (Miguel Alurralde, Heriberto Kahn y Mariano Grondona), pero Morales Solá siempre negó sus vínculos con la cúpula militar, aun existiendo evidencia fotográfica.

Pese a la calidad del artículo, una oración en él me llamó la atención. A continuación copio el párrafo donde se encuentra.

“… el oficial de Información John Corr dio cuenta de una conversación que mantuvo con Morales Solá en la sede diplomática de EE. UU. en Buenos Aires. Por entonces, el periodista se desempeñaba como prosecretario de la sección Política del diario Clarín. Mientras miles de argentinos se sacudían al ritmo de la picana, el diario disfrutaba de la flamante apropiación de Papel Prensa y el gobierno de facto crujía en internas salvajes.”

El párrafo en cuestión. Arriba a la derecha, una foto comprometedora.

Podría considerarse un detalle nimio, secundario, reparar en una frase presuntamente fuera de lugar. Quizás lo sea. La proposición de marras reza “Mientras miles de argentinos se sacudían al ritmo de la picana,…”

El señor Romero, en su afán por ilustrar la situación social de la época, y más concretamente la complicidad de algunos medios con el gobierno militar, equiparó la alegría de los movimientos rítmicos del baile con el horror de las convulsiones generadas ante la presencia de corriente eléctrica en el cuerpo. Establece un parangón entre la cadencia de la danza y los dolorosos espasmos fruto de un tormento perpetrado por criminales.

Conocida es la postura de la publicación, contraria a cualquier manifestación que vulnere los derechos humanos, la igualdad entre los seres, la libertad de prensa, el derecho a la información, entre tantos otros valores.

Desde el inicio del artículo, se infiere que su autor no ha tenido mala intención y se encuentra en concordancia con la defensa de los mencionados valores. Empero, ha tenido, en mi opinión y como se dice habitualmente, una expresión desacertada o poco feliz al componer una desproporcionada ironía a partir de un tema delicado e irresoluto.

Written by Pablo

20/12/2010 at 7:39 pm

Publicado en La quinta pata

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Pornografía lírica

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Disfruto mucho la música. Independientemente del género, me dejo llevar por lo que tenga ganas de escuchar en el momento. Otras veces me guía el estado de ánimo. Normalmente escucho rock, y asisto a shows en vivo también, aunque hago lugar a otros géneros. Uno de ellos es la ópera, a la que acudo en el Teatro Argentino de La Plata.

Durante 2010, las puestas se salieron de lo tradicional, apelando a vestuarios y escenografías diferentes. Con diseños innovadores y vestuario –en ocasiones– fuera de época.

Acudí a casi todas las óperas este año, y en general las puestas no me gustaron, encabezando la lista Don Giovanni. En esta pieza de Mozart, la mayor parte del escenario estaba en declive hacia las plateas; Tres despojadas paredes en perspectiva llenaban la visión, los muros laterales contaban con puertas por donde los intérpretes entraban y salían durante el desarrollo de la obra. Completaban la escena un par de planos inclinados donde los cantantes se sentaban. Los edificios donde transcurre la acción fueron reemplazados por maquetas; Los intérpretes se arrojaban o sentaban en el suelo simulando estar en ellos o en su cercanía. El Comendador, en la parte final del espectáculo, no era una estatua, sino el mismo cantante, maquillado en color bronce y vistiendo un traje al tono, quien lo interpretó.

Maquetas e intérpretes en acción en Don Giovanni

Se apostó a la austeridad en ciertos casos, se diseñó mal en otros. Cuando los únicos que comprenden lo que está ocurriendo en escena son los conocedores o los que leyeron la guía, algo está fallando.

Pero sin lugar a dudas, el cambio que generó mayor desaprobación fue presentar desnudos. Se suscitaron quejas en diversos medios; Los diarios transmitieron el escarnio en sus correos de lectores. Una nota publicada en el diario El Día da cuenta de esta situación. Se exponen posiciones de algunos asistentes a la obra, así como el descargo de Marcelo Lombardero, director artístico del teatro.

El artículo que dispara la respuesta de Lombardero es la crítica vertida sobre la presentación de la ópera Rigoletto, que puede leerse aquí, donde el periodista Mario Vivino, aun elogiando el esfuerzo, la califica de “pornografía lírica”.

También apareció una nota en el suplemento “Radar”, perteneciente al diario Página 12 (puede leerse aquí), donde se busca entender la reacción de parte del público y se entrevista a Marcelo Lombardero.

Muchos de los habitués de la ópera dejaron de ir, originando un boicot. Numerosas butacas vacías se hallaron en las últimas funciones. Algunos asistentes se retiraron prematuramente, durante las funciones, heridos en su moral.

El boicot se ve parcialmente compensado por la presencia de un público más joven, impulsado por un importante descuento en las entradas remanentes.

En un país donde a la teta se le dice “lola”, y donde cierto sector que va a la ópera se considera a sí mismo más culto y educado que el resto, y que elige no ir a las controvertidas funciones, queda claro que estas señales auguran un mal presagio para quienes pretenden innovar.

Written by Pablo

18/12/2010 at 2:26 am

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Alternativas

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Tomada en septiembre de 2007 en la puerta de un edificio en construcción, emplazado en el centro de La Plata. Tras la puerta, un codo hace suponer la existencia de un largo pasillo… Los trabajadores debieron efectuar su labor lejos de la entrada.

Written by Pablo

17/12/2010 at 12:35 am

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Cupido

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Si lo ves a Cupido, decile que lo ando buscando. Que yo lo ando buscando. Sabe de mí por un altercado que tuvimos en una época y lo maldije. Lamento si sus padres no lo cuidan, si son Venus y Marte, dioses de la mitología romana o cuerpos celestes. Qué pena que se haga llamar Eros para confundir, y tenga padres griegos también. Es lo suficientemente cobarde como para escudarse en su progenie, evitando asumir la responsabilidad y el castigo ulterior por sus actos. Ha de expiar esta conducta, con o sin la avenencia de los dioses mediterráneos. Al fin y al cabo uno ignora qué es lo que hace jugando con el amor. Se divierte lastimando gente, velo al señorito cómo se regodea con el dolor ajeno. Y los flechazos duelen. Y cómo duelen. Hubiera sido bueno que practicara otro deporte. Fútbol, ajedrez, lo mismo da. Un arco es un arma. Podría vaciarle un ojo a alguien o matarlo, Dios no lo permita. Aunque es bueno con el arco. Es muy bueno, demuestra gran habilidad y entrenamiento. Así y todo, calculo que se saca la venda para tirar. No me vengas con eso de que la usa para enfatizar lo ilógico, lo irracional, lo fortuito del amor: Mirá la Justicia, usa una venda y así nos va. Se la ponen de vincha. Las cosas no son casuales. El amor es un accidente, dicen. Mentira. El amor es elitista. Accidente es un tropiezo en la calle, una lamparita que se quema cuando la necesitás, un avión cuando se estrella. Un suceso que desde el inicio de los tiempos se ha cobrado el mayor número de víctimas en la historia de la civilización, más que la suma de todos los hechos azarosos, pestes, guerras, atentados, asesinatos y desastres naturales no es un accidente: Es un crimen de lesa humanidad. Como sea, este pibe, este criminal, flechó a Ligia, lo que confirma mi teoría de que es selectivo. Elige por vos con repudiable criterio. Fijate lo de Nicolás, que es un sujeto deleznable y no le va nada mal con las minas. Te decía, flechó a Ligia y me la mandó, que terminó haciendo de mi vida un calvario. Y un día, antes que todo se arruinara con ella, le rogué que me la sacara de encima, sugiriéndole una reemplazante de mi agrado. El mocoso se debe haber negado, y seguro le imbuyó nobles sentimientos a Ligia; Noté que se tornó más dulce, menos voluble, aunque continuaba desafiando mi paciencia igual que siempre.

Fue entonces cuando maldije al nene volador. Lo maldije días y noches, en mis pensamientos, en sueños, cuando miraba la tele, leía un libro, hacía las compras o intentaba cortejar a otra mujer. Maldije su persona, sus alitas perfectas, su crespo cabello rubio, su diáfana mirada, su agraciado rostro de aire inocente y puro gobernado por dos rosadas mejillas, su vuelo grácil y veloz. Pero por sobre todas las cosas, maldije su precisión, esa exactitud infame que guía sus saetas hacia los dominios de la angustia y el amor. Porque además Ligia me tenía podrido y con dolor la dejé, y no pude encontrar a otra a quien quisiera más que a ella.

Un chico no puede ser tan perverso, no es creíble que sea capaz de contener semejante cantidad de sadismo en su cuerpo: Debe ser un enano, un adulto de corta estatura, que en algún momento de su vida tendría que haber iniciado una terapia. Un adulto armado que es capaz de defenderse. Vamos a arreglar nuestro asunto, entonces, perentoriamente y como hombres: A lo guapo. Que el acero lustroso delimite nuestra honorabilidad.

Mientras tanto, decile eso: Que yo lo busco. Por un momento percibirás el pavor en su rostro. Cuando se le pase el miedo inicial, y si no es lo suficientemente disimulado, lo verás llenar su carcaj con flechas envenenadas. Las tiene, sé lo que te digo. No son ni las de oro ni las de plomo, tiene otras con algún veneno, ponele que sea curare, o qué se yo. Porque se las va a querer cobrar. Vos sabés como son los chicos de sensibles.

Written by Pablo

12/12/2010 at 3:11 am

Publicado en Cuentos

Desvaído

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Ayer me quebré emocionalmente. Dos veces.

Soy el Atlas de mi mundo, cargándolo sobre mis pequeños hombros. Día a día el peso aumenta y sigo respondiendo… Hasta ayer.

Mi débil estado me mostró iracundo y molesto, desanimado y confuso ante nimiedades normalmente fáciles de zanjar. En el trabajo murmuré tremenda cantidad de sandeces, algunas las oyó mi compañera, otras se las comenté; Cuestiones que no me atrevo a repetir, mucho menos a fundamentar.

No importó el origen de cada problema, ni siquiera si involucraban una sencilla solución o si se trataba de maldiciones gitanas, todo llevaba a la misma cuestión: “¿Por qué a mí?” Cumplí con mis obligaciones pese a todo.

Pero lo preocupante es que siento que mi proverbial resistencia, esa disposición para soportarlo todo, el apretar los dientes, agachar la cabeza y proseguir incansablemente contra viento y marea, el saber que si caigo volveré a estar de pie, en síntesis, mi esencia, se está desvaneciendo.

No es que veo grietas en mi ser; Soy humano, siempre las tuve. Es que las muestro y no puedo evitarlo, cuando preferiría cubrirlas, o mejor aún, no tenerlas.

Verdad, los últimos años conjuraron desafíos y apartaron placeres. Pusieron a prueba mi humanidad y a duras penas sobrepasé todo. Pero quedaron reminiscencias, heridas abiertas fruto de retos pretéritos, en los que la vida te permite luchar para torcer el destino… Y de los otros.

Sólo deseo estar relajado y tranquilo. Necesito yacer. Sea al aire libre, bajo techo, o en las condiciones meteorológicas reinantes. Necesito yacer, en una cama, una reposera o un ataúd, lo mismo da. Necesito descansar y olvidarme de todo. No veo mal la idea de irme un tiempo sin decir adónde. No veo mal cambiar de trabajo, aunque es mucho más difícil.

Me quebré. Me duele verme quebrado. Me duele más aún ver que algunos me ven quebrado.

Written by Pablo

11/12/2010 at 4:34 am

Publicado en Anécdotas

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¿No tenías algo más patético para hacer?

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Considero que la diplomacia no es mi fuerte, especialmente en las ocasiones donde hay algún sentimiento involucrado. Allí percibo dificultades para expresar lo que quiero decir; Las palabras abandonan mi mente. Culpo al Hombre de Neandertal que a fuerza de garrotazos me surge y las expulsa, hace desaparecer los resabios del homo sapiens que alguna vez creí ser.

Estando en el trabajo, mi compañera me contó que era el cumpleaños de su hermano menor, y que había olvidado saludarlo. ¿Pues qué hizo? Lo saludó por Facebook. Al hermano. Con el que vive. El título de esta entrada es lo que le respondí, entre indignado e irónico. Esgrimió una ligera sonrisa, una tibia mueca, a falta de una respuesta mejor. Claro, es chica y no se anima a mandarme al diablo. Ni siquiera vía internet. Mucho menos a pedirme una explicación.

La brutalidad de mi comentario, empero, esconde en su agresividad un significado subyacente.
No vivo con mi hermano. Nos separan cientos de kilómetros. Nuestra comunicación es telefónica o por chat. Cuando puedo, viajo, y si las circunstancias lo permiten, acudo a su cumpleaños, y hasta puede que le lleve un obsequio. Si no puedo ir, al menos lo llamo.

De acuerdo, la relación entre dos hermanos del mismo sexo es distinta que cuando ambos son de distinto género. Y en el caso particular de esta niña, su orden de prioridades es otro (novio, amigas). Pero tu hermano lleva tu misma sangre, es tu familia directa. Y si tenés la posibilidad de decirle lo que sentís, aprovechala. Nunca está de más, y todo gesto dulce, tierno, amable, es valorado.

Enviar un SMS o utilizar Facebook para comunicarte cuando podés utilizar otros medios menos fríos e impersonales es una forma de eludir un compromiso, de evitar una situación que se antoja incómoda. Se trata de un módico subterfugio para quedar bien con uno mismo, no con el prójimo. Importa más acallar los gritos de la propia culpa que recibir el cálido agradecimiento ajeno.

Quizás debí haberle explicado de este modo. O quizás no. La culpa es del Neandertal, no mía.

Written by Pablo

09/12/2010 at 12:40 am

Publicado en Anécdotas

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