Caótico Maligno

Estado

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Estoy para “me ponés un tema de Mr. Bungle y lo bailo”.

No hace falta decir más.

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Written by Pablo

24/06/2017 at 4:54 am

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Tenedor

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Me quedé callado. Porque no quería pelearme y mandar a la mierda a gente con la que trabajo.

Un compañero, contador él, en una pausa laboral, explicó las características de los LEBACs y sus beneficios, comparando la favorable tasa de interés contra la de un plazo fijo, notando que la tasa del título se encuentra actualmente por encima de la inflación. Narró detalladamente el procedimiento de licitarlos, los plazos para colocarlos, los dividendos y hasta las ventajas del home banking.

Algunos de los presentes se entusiasmaron con los números. Otros soñaron con tener dinero para invertir. Yo, envuelto en menesteres laborales aunque atento a la disquisición, elegí el silencio sin desautorizar ni interrumpir al exponente.

No soy economista ni contador; tan solo tuve Contabilidad durante mis estudios secundarios como Perito Mercantil. Lo que sé de números es ponderar lo que a fin de mes persista de mi salario.

El contador olvidó —diría omitió, pues no creo que desconozca— un dato importante: se trata de títulos de deuda del Estado argentino. Claro que el hecho de que el Estado decida vender títulos de deuda no es algo reciente. Es algo que no debería ocurrir: vivir pidiendo dinero habla mal de su administración. Es pedir un préstamo desde otra vertiente, con un interés grosero, eso que las sanguijuelas llaman “alta rentabilidad”.

Es una situación que me irrita sobremanera. Comprar deuda del Estado equivale a una suma cero: el beneficio del comprador perjudica a la Nación, a mí, a mi vecino, al que no llega a fin de mes, al que no tiene techo, al que se desloma todos los días bajo este bendito suelo, al que no tiene trabajo y pugna por obtenerlo.

Comprar deuda del Estado es ser un buitre más. Es ser uno de esos de los que estuvimos quejándonos todo este tiempo, quienes cobraron todo el dinero exigido, mientras nuestros maestros no pueden recibir su sueldo ni en cuotas. Uno de esos que se apodera de un cachito de soberanía en perjuicio de un nativo. Uno de esos que, para pagarles, tomamos más deuda. Total, que terminen de pagarla nuestros choznos. Uno de esos a los que el país no les importa. Un apátrida más, como Carlos Melconián, cernícalo en su momento enviado a “negociar” con los de su calaña (todavía no puedo creer que se haya ido del Banco Central bañado en aplausos… ¡gente sin memoria ni conciencia!).

Estoy harto de ese sector tumefacto de la sociedad que cree (y que transmite) que ser patriota es gritar los goles de la selección nacional de fútbol en los mundiales pero que, dueños de una doble moral, tan pronto tienen la oportunidad, le meten la mano en el bolsillo a un coterráneo.

Me quedé callado. Porque encima el contador, poco antes de retirarse a su oficina, admitió haber comprado LEBACs.

Y todavía me muerdo el labio.

Written by Pablo

06/06/2017 at 11:34 pm

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Decadencia

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Alguna vez un amigo, conocedor de mi afición a la escritura, me confió una opinión de sí: dijo no saber contar una historia.

Refuté su afirmación, elogiando la forma en la que narra eventos de su vida y hace propios los chistes que conoce. Abundan ejemplos cotidianos donde una persona ejercita la narrativa. Pensé en un abuelo contando a sus nietos una anécdota, o una persona contándole a otra un suceso del día.

Hubo una historia el domingo en el Teatro Argentino de La Plata que no se contó como debiera.

La obra era “Così fan tutte”, ópera con música de Mozart. Ambientada en Nápoles, dos soldados realizan una apuesta con un tercer amigo, Don Alfonso, sobre la fidelidad de sus parejas, las hermanas Fiordiligi y Dorabella. Ambos creen que ellas serán fieles por siempre, Don Alfonso no está de acuerdo y les propone un plan. Fingen ser llamados a combatir en el frente; Don Alfonso los presentará a las jóvenes como otros buenos amigos que posee. Ellos, que se dicen albaneses, intentarán, en un cruce de parejas, seducirlas y contraer matrimonio.

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Written by Pablo

12/09/2016 at 6:16 pm

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Suripanta

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Tengo la posibilidad de un ascenso importante en mi trabajo y obtener un cargo de jefe. Debería estudiar una serie de reglamentaciones y concursar.

Sin embargo, es, en mi opinión, más beneficioso para los demás que para mí. El único punto favorable es el concerniente a lo pecuniario.

El ambiente laboral es desgastante y horrible.

Hay personas que no valen lo que cobran y no deseo trabajar para ellas.

Acá el compañerismo es una leyenda urbana. Culpar al prójimo es ley, especialmente si está ausente o indefenso. Las responsabilidades son siempre ajenas, salvo las ineludibles.

Una vez, mientras discutíamos un asunto laboral, le dije a mi jefa “tengo seis compañeras y nunca me sentí más solo” y ella pensó que le estaba contando una confidencia.

Desde la caída de Alfonsín en 1989 soy el chivo expiatorio para todo lo que falla, en la tradicional frase “es el turno de la tarde”. Obtener el cargo implicaría, accesoriamente, formalizar la situación: en lugar de murmurarlo en voz baja, podrían señalarme con el dedo.

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Written by Pablo

12/11/2014 at 3:52 am

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En poblado y en banda

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He tenido varios inconvenientes con internet, más de los que puedo consignar.

Una vez vino un técnico dispuesto a cambiar el modem, cuando de repente me preguntó si podía regresar a la mañana siguiente, la del sábado, porque pretendía cambiar el modem pero el que me iba a dejar estaba roto.

Lo miré como diciendo “¿es broma? ¿Dónde está la cámara oculta?”. Resignado, acepté.

Cumplió su palabra y regresó el sábado a la mañana. Cambió el modem, pero fue lo único distinto. Seguía sin conexión.

 

–Parece que no es el modem, vengo el lunes con otro muchacho.

 

Jamás regresó. Tengo la sospecha de que Telefónica, en su división internet, irónicamente llamada “Speedy” me mandó un telemarketer en vez de un técnico…

Hubo que hacer un nuevo reclamo y vinieron dos muchachos con las ideas claras y resolvieron todo en quince minutos. Lee el resto de esta entrada »

Written by Pablo

07/07/2013 at 4:43 pm

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Compra

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Revista “El Guardián”, 12/04/2012

Dos vietnamitas (no uno, como dice el epígrafe) compraron Buford. Para qué, ni idea. Pagaron 900.000 dólares por 4 hectáreas que comprenden una estación de servicio, tienda, una escuela que funciona como oficina, casa, garage, una torre de telefonía celular de la empresa Union y un sector de estacionamiento.

¿Se puede comprar un poblado como quien compra verduras en el mercado? ¿Se podrían adquirir, por ejemplo, Nueva York o Washington, total o parcialmente? ¿Qué tipo de relación tendrían los compradores con los residentes si éstos desearan quedarse?

Todo está a la venta. Sólo faltan financistas, como decía Darín.

Written by Pablo

29/06/2012 at 3:57 am

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Puntería

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Encontré esta foto en el diario argentino “Pagina 12”, del 1º de junio de 2012 con el sacerdote pederasta Julio César Grassi, quien fuera condenado en 2009 a 15 años de prisión. Aún se encuentra en libertad.

La noticia de la foto, está aquí y comenta la decisión de la Cámara en lo Penal de Morón de revocar la prisión domiciliaria del cura.

Dejando de lado lo terrible e indignante del asunto y volcándome a lo trivial, a lo pueril, casi instantáneamente vino a mi memoria aquella foto que publiqué tiempo atrás remarcando el nombre de un comercio en Trenque Lauquen.

Una vez más, un oportuno clic despierta cierto ingenio y mordacidad.

Diario Página 12, 01/06/2012

Written by Pablo

18/06/2012 at 3:37 am

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